Llega el «banco hippie» que financia las buenas causas

Texto y fotos: Dolores Bulit

¿Sabés en qué invierte tu banco la plata que depositás? El mío es un gigante español que uso sólo porque es el que me queda más cerca. Según dijo anoche Joan Melé, el economista catalán famoso por promover la banca ética en Europa, el 90% del dinero del mundo se invierte en especulación. Y también contó cómo en su país los bancos como el que yo uso acá, a millones de kilómetros y realidades, financian la política de allá según les convenga. O sea, ¿no deberíamos conocer la cartera de inversiones de nuestros bancos de la misma forma que tratamos de que no haya trabajo esclavo en la ropa que usamos o la comida que comemos?

Es muy coherente todo lo que dijeron anoche en la presentación del estudio de prefactibilidad para crear un banco ético latinoamericano que financie proyectos, empresas y personas con impacto real en el medio ambiente, la educación, la cultura y el desarrollo social. Que son los tres mayores problemas estructurales de nuestra región según el equipo de Banca Etica Latinoamérica que forman el uruguayo Diego Pereira, el argentino Franco Macchi y el chileno Sebastián Cantuarias.

Franco quiso conmover al auditorio de la Facultad de Historia, Geografía y Turismo de la Universidad del Salvador cuando empezó contando cómo atesoraba el recuerdo de los abrazos entre inversores, operadores y empresarios en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires que veía a sus diez años con su papá. Me saco el sombrero: no es fácil convencernos de que en las finanzas globales, el brazo más despiadado del capitalismo, hay ternura y amor. «Me voy a dar el lujo de repetir una y otra vez en esta charla la pregunta: ¿a quién sirve mi dinero?«, lanzó mientras mostraba un power point que al contrario de lo que uno supondría no tenía ni un número, sino personas, corazones y los dibujitos de su hija.

Hace dos años que el equipo estudia mediante grupos de consulta y participación con referentes de los tres países si este negocio es viable. Y dicen que sí, que en Brasil y Chile ya se otorgaron los primeros préstamos (1.5 millones de reales en el primero) y que en Argentina tienen 16 empresas aliadas para ensayar mediciones de impacto y medir riesgos. «Hay que integrar en las tasas el interés las cosas que le hacen bien al mundo», declaró, y nombró al MAPO y a la Cámara Argentina de Energía Renovable como aliados locales en el proceso de consulta.

Cantuarias es la cara chilena del proyecto, que volvió a describir como «técnica, jurídica y financieramente posible». «Hacia dónde fluye el dinero determina qué tipo de sociedad tenemos», aseguró, y contó que lo más fácil hubiera sido pedirle al Triodos Bank que abra su sucursal en Latinoamérica. «Pero no quisimos repetir la lógica de la colonia, y en vez de depender del banco europeo al que muchos llaman «el banco hippie», decidimos hacerlo nosotros acá». También se ocupó de diferenciarse del movimiento de las microfinanzas, también conocido como «el banco de los pobres», alentado por figuras como el indio Yunus.

Yo me enteré de la existencia del «banco hippie» más o menos en el 2011, cuando vendía unas copas menstruales inglesas que me gustaban porque tenían políticas laborales, medioambientales y de género muy claras. Su banco, ohlalá, era el Triodos Bank. Fue la primera vez que aprendí que una cadena comercial puede tener un ciclo ético completo, desde el lugar de trabajo, las condiciones de produccción, los insumos y el financiamiento. Ah, y como diría Troy McClure de Los Simpsons, quizás también lo conozcan por su apoyo al movimiento Waldorf europeo.

El miembro chileno del dream team de Joan Melé en Latinoamérica contó que cuando buscaban referentes se encontraron con el FMO, un banco de fomento holandés. Pero ellos sólo financian a los países con los peores PBI, y ni Brasil ni Chile entran en esa categoría aunque sean los más desiguales de Sudamérica. También mostró un gráfico que muestra la proyección del proyecto, con un prototipo (etapa actual), un escalamiento gradual que conduce a la solicitud de autorización como entidad bancaria, y la llegada a empresas primero y a personas después, en los siguientes 10 años.

El uruguayo de la tríada, Diego Pereira, empezó y terminó su exposición con letras de Zitarrosa que ensalzan nuestra hermandad rioplatense. Es que todos se ocuparon de subrayar que este no será un banco asociado a un país, sino un concepto nuevo, adaptado a las necesidades regionales, que tanto puede tener una identidad rioplatense acá o amazónica en la zona de Manaos y Leticia, al norte. Este economista bancario de Montevideo explicó que en vez de buscar solamente rentabilidad, apuntan a mejorar la situación financiera de las empresas con impacto. «Estamos conociendo la demanda, analizando proveedores. Y no porque seamos un banco bueno vamos a dejar de medir la capacidad de repago», aclaró.

El plato fuerte, el alioli de la presentación, quedó para el final. Joan Melé intensificó su peregrinaje por estas tierras americanas por el 2012 y contó cómo en cada país que lo recibían lo alertaban sobre los niveles de corrupción. «Igual que en España, les respondo». Su diatriba política nos recordó la crisis financiera del 2008: «porque cuando nos va bien se forran cuatro, pero cuando va mal lo pagamos todos», lanzó. «Hoy la banca ética es más importante que nunca, porque con la corrida quedaron unos pocos bancos que lo controlan todo». También tuvo tiempo de criticar a la economía, que insiste aplicando los mismos modelos aunque fracasen. «Es al revés que cualquier ciencia, que descarta una hipótesis cuando no funciona. No, acá la seguimos por tres siglos más».

Eso sí: tuvo un traspié machista cuando le dedicó un párrafo a la madre de Adam Smith, aquel escocés famoso que basó la teoría del libre mercado en un supuesto y natural egoísmo humano. «El desgraciado no se había fijado en que cenaba todas las noches porque alguien le cocinaba y le lavaba la ropa con amor». Desde la tribuna yo rumiaba el eslogan feminista: ojo que eso que llaman amor es trabajo no pago, Joan.

La Banca Etica Latinoamericana hará de la transparencia una bandera. Es una buena noticia para un mundo que sabe que las finanzas más rentables están volcadas a las armas, el narcotráfico, la trata, la prostitución y el juego. Por eso es bueno empezar sabiendo que anoche fueron parte de la convocatoria Avina, Sistema B y Fundación Dinero & Conciencia.

Parafraseando a Melé, ¿podremos alguna vez curarnos del síndrome de Estocolmo y dejar de depositar nuestro dinero en los bancos que nos joden una y otra vez? ¿Tendrá alguna vez mi tarjeta de débito los colores pastel del arcoiris Waldorf?

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